domenica 29 aprile 2012

Laura e le cipolle











L'altra sera mentre tagliavo una cipolla per il soffritto di un risotto agli asparagi che volevo preparare per cena, ho sentito scendere delle lacrime lungo il viso. Mentre piangevo ricordavo il giorno in cui la mia amica Laura mi portò delle cipolle.
I ricordi che affioravano lentamente appartenevano al 1995. Fino ad allora avevo lavorato a Firenze come insegnante di scienze naturali nella scuola superiore, ma in quegli anni ci furono dei tagli nel bilancio statale, con la conseguenza che dovetti lasciare la mia cattedra in città per andare a insegnare nel Mugello.
Ho subito fatto amicizia con alcuni colleghi pendolari come me. Tutte le mattine ci trovavamo in un punto di Via Faentina, dove, sotto un grande albero, lasciavamo parcheggiate le auto. Poi salivamo tutti su un'unica macchina che, a rotazione, ciascuno di noi metteva a disposizione degli altri. Ogni giorno percorrevamo la strada da Firenze a Borgo San Lorenzo, spesso chiacchierando e ridendo e, nonostante la levataccia, quei viaggi mi piacevano. Giorgio, il professore poeta, era sempre malinconico, ma grazie a lui ho apprezzato l'intensità dei colori delle campagne autunnali che attraversavamo.
Due volte la settimana cominciavo le lezioni alle dieci e mi trovavo a viaggiare solo con Laura, che, ogni mercoledì, prendeva la macchina; in quei giorni mi alzavo contenta perché mi piaceva percorrere la strada con lei. Aveva qualche anno più di me, un figlio adulto, un marito innamorato e una gran passione per la storia e la filosofia, materie che insegnava nel nostro Liceo. La macchina di Laura era vecchia ma robusta, la sua guida era rilassante, in quell'abitacolo caldo ci siamo raccontate brandelli della nostra vita. Laura era molto premurosa, spesso mi portava, per le mie esperienze di laboratorio, cipolle e limoni ammuffiti.
Ricordo una volta, mentre guidavo la mia piccola utilitaria bianca Laura mi  mostrò il mazzo di cipolle fresche che mi aveva portato e mi disse che le sarebbe piaciuto che la sua vita fosse come una pianta di cipolla. Avrebbe desiderato avere una tenera parte esterna a contatto con le altre persone e una consistente e stratificata zona interiore che perdurasse nel tempo.
Quel giorno le cipolline di Laura mi portarono fortuna. Era la prima volta che in laboratorio facevo osservare le cellule dell'epitelio della cipolla al microscopio. I miei alunni presero con le pinze un pezzettino del sottile velo bianco posto tra due strati del bulbo e dopo averlo sistemato al microscopio rimasero affascinati dalla nitida visione delle cellule, che sembravano dei mattoncini attaccati uno all'altro. Anch'io ero emozionata pensando a quelle cellule quiescenti, che erano ancora in grado di collaborare  fra loro per far rivivere tutta la pianta.
L' associazione delle parole cipolla e vita l'avevo già sentito da piccola, quando un giorno mia madre regalò ad Anita, la llevadora1  ,  la quale  era venuta  a casa nostra a farle una puntura, un manat de cebas 2.
Anita era così contenta che cominciò ad elencare con enfasi tutte le proprietà delle cipolle. Dopo ci raccontò la storia di quel bulbo, che aveva sfamato e salvato la vita a tanta povera gente. Mentre andava via estrasse un libricino dalla sua borsa e si mise a leggere la prima strofa della poesia di Miguel Hernandez “nanas de cebolla”3

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
4
Mi sono asciugata le lacrime e ho finito di preparare la cena. Quella sera eravamo U. ed io da soli, dato che i nostri figli ventenni erano una a Madrid a studiare e l'altro in palestra. Mentre  mangiavamo il  risotto agli asparagi  e sorsegiavamo un buon vino ho iniziato a raccontargli. la storia delle cipolle di Laura  e  lui  subito ha cominciato a ridere perchè si era ricordato del giorno in cui Laura chiamò  e non essendo io in casa  gli domando:
 -  avete bisogno di limoni ammuffiti?  C'e ne ho diversi in frigo. Ve li posso portare.
La risata di U. mi ha contaggiato e  ho  sentito scendere di nuovo le lacrime sul viso.
1 La levatrice
2 Un mazzo di cipolle
3 Nina nana di cipolla
4 La cipolla è brina, chiusa e povera. Brina dei tuoi giorni e delle mie notti. Fame e cipolla, ghiaccio nero e brina grande e rotonda.

domenica 22 aprile 2012

rosquillas - bunyols - ciambelle






Esta tarde he preparado unas cincuenta rosquillas para la fiesta de mañana. Estoy muy contenta pues han salido riquísimas. He seguido la receta del libro de Almudena Grandes, pero he reducido a un tercio todos los ingredientes. He añadido  a la masa un poco de limón rayado y canela en polvo. He de confesar que he puesto un poquito  menos  de coñac.

Libro: Inés y la Alegrìa
pag. 705 . Ed. Maxi Tusquets. Barcelona 2011 
Escritora: Almudena Grandes
Receta : Rosquillas (bunyols, ciambelle)



Ingredientes (para unas ciento cinquenta rosquillas):
    -  tres paquetes de harina
    -  un kilo de azúcar
    - nueve huevos
    - un litro de leche
    - un botella de coñac
    - un paquete de mantequilla


“ Medí los ingredientes, hice la masa, lo amasé lo justo ni poco ni demasiado, la separé en fragmentos iguales para fabricar con cada uno de ellos un cilindro del grosor de un dedo pulgar, más grande que el mio. Y uní sus extremos para formar un rculo...................Cuando Galán se despertó ya había empezado a freirlas”















venerdì 13 aprile 2012

Pequeñas historias entrecruzadas-Piccole storie intrecciate





Fue después del verano en el que cumplí cincuenta y cinco años, que mi vida adquiriò un ritmo más lento y pude percibir algunas historias entrecruzadas. Al cabo de algunos días de vacaciones, que pasamos los cuatro en el pueblo donde yo había nacido, nuestros dos hijos venteañeros se quedaron a estudiar en Barcelona el uno y en Madrid la otra. U. y yo volvimos solos a nuestra casa en Florencia. Al principio nos parecía raro vivir sin ellos, pero poco a poco disfrutamos de la nueva vida de pareja.
Una carta olvidada en un libro, una palabra o una imagen a veces me transportaban a otros lugares o a otros tiempos. Pero vayamos por partes, tengo que empezar desde el principio:
Un dia de otoño comenzó a trabajar, en nuestra casa, como asistenta, Nadica, una chica cingalesa alegre y vivaracha. En seguida vi que, tenía muchas ganas de limpiar, por lo tanto le dije que quitara el polvo de la inmensa librería que tenemos en el pasillo: gran empresa!
Mientras montaba en la escalera de tijera, Nadica me contó que le gustaría mucho que sus dos hijos adolescentes pudieran estudiar en Europa, sin embargo ahora tenían que vivir con los abuelos en un pueblecito del interior de su país. Estaba muy orgullosa de escribirles una carta en inglés cada semana. cosa que le hacía sentir más cerca de ellos y además creía que de esta manera aprenderían mejor la lengua internacional, que era tan necesaria para encontrar un futuro trabajo.
Para limpiar los repletos anaqueles, Nadica sacaba uno a uno los libros, me los pasaba y con un trapo limpiaba el mueble. Yo con un plumero los acariciaba y los dejaba como nuevos, quitándoles la sutil capa de polvo. Luego para reponer en orden los volúmenes subí yo a la escalera de mano.
Cada libro que tomaba me traía algún recuerdo, sobre todo las novelas de escritores españoles y sudamericanos que estaban en las estanterías más altas. Erguida encima de aquella escalera recordé que cuando iba a Cataluña a ver a mis padres, compraba muchos libros y los llevaba a Italia dentro de dos grandes maletas, que no podía arrastrar de tanto peso. Los primeros años que viví en Toscana sólo leía en español o en catalàn, luego poco a poco me atreví a descubrir a los escritores italianos en lengua original.
De una novela de Gabriel García Márquez, que U. había comprado, en noviembre de 1976 en Barcelona, la tarde que nos conocimos, cayó una carta que yo le había escrito algunos años después, una noche en la que nuestros hijos, entonces pequeños, dormían y él aún no había regresado de su viaje de Milán, donde había ido por trabajo.
La carta empezaba así:
Viernes 22 de septiembre de 1995
Querido U.:
Estoy sentada en la mesa del estudio de nuestra casa. Mientras arreglaba mis libros he hallado una carta tuya escrita a principios de diciembre de 1976, cuando acababas de regresar de Barcelona. Recuerdo que ese texto nunca me lo enviaste, pero me lo leíste cuando yo ya vivía en Firenze contigo.
Ahora necesito contestarte.
He pensado muy a menudo en aquellos días que siguieron a nuestro enamoramiento. Entonces yo me quedé en Barcelona y tu te fuiste a tu tierra. Al cabo te poco tiempo comprendì que te quería de veras. Tu carta me hizo y ahora me ha hecho feliz, porque me ha ayudado a reconstruir tus sentimientos de aquel entonces, Si yo hubiera sabido que realmente me amabas y sobre todo que me echabas de menos hubiera volado hacia ti antes y sin tantos temores. Pero quizás es mejor como fue acaeciendo todo, pues creo que las dudas, la inseguridad y un poco de sufrimeineto fortalecen el amor.
A pesar de los muchos años que han pasado, estoy muy contenta de mi pequeña gran decisión que entonces tomé haciendo la maleta  y yendo hacia ti.
Soy feliz contigo en nuestra casa y en mi nueva tierra. Mientras te escribo se que tu estás viajando hacia mí.
Me has dicho que el tren va a llegar a las 23h, por lo tanto yo te esperaré leyendo en nuestra cama, sin embargo si me duermo quiero que sepas que te quiero mucho.
Fina
Cuando Nadica se fue, yo salí a comprar el pan y el periódico, al regresar encontré una carta de nuestra hija, que estudia los últimos cursos de su carrera universitaria en Madrid.
Subí corriendo las escaleras, me saqué el abrigo y me senté cómoda para leer la carta. Me decía que estaba muy contenta de vivir en otro país, que había conocido a otras personas, otras costumbres y sobre todo que era feliz.
Gracias a esas cartas comprendì lo positivo que había sido para todas nosotras haber ido a vivir lejos de nuestro pais. Con el eco de las palabras escritas en aquellas hojas dobladas y guardadas en un libro o en un sobre, pensé que la vida era bella pues estaba llena de historias entrecruzadas

Piccole storie intrecciate
Era la fine dell'estate in cui avevo compiuto 55 anni quando la mia vita ha acquistato un ritmo più lento e ho iniziato a percepire che alcune storie si stavano intrecciando. Dopo alcuni giorni di vacanze, che abbiamo trascorso noi quattro nel paese della costa catalana dove ero nata, i nostri due figli ventenni sono rimasti a studiare a Barcellona l'uno e a Madrid l'altra.
U. ed io siamo ritornati da soli nella nostra casa di Firenze. All'inizio ci sembrava molto strano vivere senza di loro, ma poco a poco abbiamo imparato a godere della nostra vita di coppia.
Una lettera dimenticata in un libro, una parola o un'immagine a volte mi trasportavano a altri luoghi e altri tempi. Ma cominciamo dall'inizio:
Un giorno d'autunno ha cominciato a lavorare a casa nostra per fare le pulizie, Nadica, una ragazza cingalese vispa e allegra. Dall'inizio ho visto che aveva molta voglia di pulire, quindi le ho chiesto di spolverare l'immensa libreria che abbiamo nel corridoio: grande impresa!
Mentre saliva sulla scala pieghevole, Nadica mi ha raccontato che le piacerebbe che i suoi due figli adolescenti potessero studiare in Europa, ma adesso dovevano vivere con i nonni in un piccolo villaggio all'interno del suo paese. Era molto orgogliosa di scrivergli una lettere in inglese ogni settimana. Questo la faceva sentire più vicina a loro e inoltre pensava che i suoi figli avrebbero imparato meglio la lingua internazionale, che oggi era indispensabile per trovare lavoro.
Per pulire gli scalfali pieni di libri, Nadica toglieva i libri, me li passava e con uno
straccio puliva il mobile. Io  li accarezzavo con un   plumero1 levando   il sottile strato
di polvere e li lasciavo come nuovi. Dopo per rimettere in ordine i volumi sono salita sulla scala.
Ogni libro che prendevo mi riportava un ricordo, soprattutto i romanzi degli scrittori spagnoli o sudamericani che si trovavano nella parte più alta della libreria.
Arrampicata in cima a quella scala mi è venuto in mente che, ogni volta che andavo nella Catalogna a trovare i miei genitori, compravo diversi libri e li riportavo in Italia con due grandi valigie, che a causa del peso non riuscivo a trascinare.
I primi anni che ho vissuto in Toscana, leggevo solo in castigliano o in catalano, ma lentamente ho scoperto gli scrittori italiani nella loro lingua originale.
Da un romanzo di Gabriel García Márquez, che U. aveva comprato, nel Novembre del 1976 a Barcellona, il pomeriggio in cui ci eravamo conosciuti, è spuntata una lettera che gli avevo scritto una notte nella quale i nostri figli, allora piccoli, dormivano e lui non era ancora ritornato dal suo viaggio a Milano, dove si era recato per lavoro.
La lettera cominciava così:
Venerdì 22 di settembre di 1995
Caro U.:
Sono seduta al tavolo dello studio di casa nostra. Mentre stavo mettendo a posto i miei libri ho trovato un testo che mi avevi scritto a metà dicembre del 1976, quando eri appena arrivato da Barcellona. Ricordo che non avevi spedito quella lettera, ma che me l'avevi letta dopo quando abitavo con te a Firenze.
Adesso ho bisogno di risponderti.
Ho pensato  molto spesso a quei giorni che seguirono il nostro incontro Tu sei partito per la tua terra e io sono rimasta a Barcellona, ma ho capito subito che ti amavo.
La tua lettera mi rese allora e mi ha  reso adesso molto felice, perché mi ha aiutato ricostruire i tuoi sentimenti. Se avesse saputo che mi amavi così tanto e che ti mancavo sarei partita verso di te senza tanti timori. Ma forse é stato meglio come è accaduto, perché un po' di dubbi, di sofferenza e di insicurezza fortificano l'amore.
Nonostante i tanti anni che sono trascorsi sono ancora contenta della mia piccola grande decisione che allora presi al fare la valigia e venire in Italia.
Sono felice con te nella nostra casa e nella mia nuova terra.
Mentre ti scrivo so che tu stai viaggiando verso di me. Mi hai detto che il treno arriverà alle 23, quindi ti aspetterò leggendo nel nostro letto, ma se mi addormentasse voglio che tu sappia che ti amo molto
Fina
Quando Nadica è andata via, sono uscita a comprare il pane e il giornale. Rientrando a casa ho trovato una lettera di nostra figlia, che studia gli ultimi anni di Università a Madrid.
Sono salita di corsa le scale, sono entrata velocemente a casa, mi sono tolta la giacca e mi sono seduta sul divano per leggere comoda la lettera.
Mi diceva che era contenta di vivere in quel nuovo paese, che aveva conosciuto molte persone e altre abitudini, ma che soprattutto era felice.
Ringraziai quelle lettere perché mi avevano fatto capire quanto era stato positivo per tutti noi vivere lontani dalla nostra terra.
Mentre sentivo ancora l'eco delle parole scritte in quei fogli di carta velina ho pensato che la vita era piena di storie che si intrecciavano e forse anche per questo bella.
Josefina Privat Defaus
Marzo 2012
1. Piumino per spolverrare

mercoledì 4 aprile 2012

Rh negativo - Rh negatiu






La settimana scorsa, nella sala insegnanti della scuola dove lavoro, ho trovato un pacco molto voluminoso indirizzato a me. Guardando di tanto in tanto attraverso le grandi finestre della sala affacciata sull'Arno, ho scartato il pacco: era un testo universitario di Biologia.
Chissà perché, fra tutti gli insegnanti di scienze della scuola, il rappresentante lo ha regalato proprio a me. Gli sarò stata simpatica?
Ho portato a casa il librone e la sera stessa gli ho dato uno sguardo rapido. Per caso, i miei occhi si sono soffermati sul paragrafo Rh e incompatibilità e ho letto:
- Può verificarsi una malattia emolitica nel feto o nel neonato se il sangue di una donna è Rh negativo, se porta in grembo un bambino Rh positivo e se, in precedenza, ha avuto un figlio con sangue Rh positivo.
Per il lavoro che faccio, queste cose le sapevo già e le avevo ripetute per anni ai miei studenti, ma fino a quel momento non le avevo mai collegate alla mia nascita.
Chiamai immediatamente mio padre, il quale mi confermò che il sangue di mia madre apparteneva al gruppo Rh negativo, poi chiamai mia sorella, la prima di tre figli, la quale mi comunicò che il suo sangue è Rh positivo.
Non ci potevo credere. Dato che anche il mio è Rh positivo, durante la seconda gravidanza di mia madre, nel suo sangue si erano sicuramente formati degli anticorpi in grado, attraverso la placenta, di distruggere i mie globuli rossi.
Sarei dovuta nascere con delle patologie gravi o addirittura morire. Invece sono nata sana, ma prematura.
Dovevo venire al mondo alla fine di agosto, ma una sera di metà luglio, mentre prendeva il fresco seduta davanti a casa, chiacchierando allegramente con le vicine, mia madre ha avuto delle coliche molto dolorose. Chiamato d'urgenza, il vecchio dottor Rossinyol escludeva che potessero essere doglie, pensava piuttosto si dovesse trattare di un problema intestinale e, per questo, le fece
somministrare alcune “lavatives”1. Ma i dolori di mia madre aumentavano sempre di più.
Allora mia nonna, molto saggiamente, chiamò Anita, la vecchia “llevadora”2 del paese.
Anita era una donna bassina e non molto bella, era molto seria e riservata ma, appena le si dava confidenza non smetteva di parlare. Un giorno, era arrivata in paese da non si sa dove con suo marito barbiere.
Aveva una gran passione per il proprio lavoro e da sola era stata capace di far nascere i bambini di tutto il vicinato. L'ho conosciuta quando ero piccola, era lei a farmi le punture quando ero malata. Io avevo paura di Anita, nonostante fosse molto gentile con me e mi dicesse sempre:
- Quan vas nèixer eras la nena mes petita i mes maca del poble3.
Sono nata all'alba di una giornata torrida. Ero minuta, pesavo solo due chili. Dormivo sempre.
Tutti, compresi il Dottore e la levatrice, temevano che morissi. Dato che negli anni cinquanta, nel mio paese, non c'erano incubatrici, per tenermi al caldo mi hanno coperto con vari strati di vestitini di lana.
Poi mio padre mi metteva delle goccioline di collirio per svegliarmi all'ora giusta, dovevo mangiare e crescere. Sembra che mi sia attaccata con facilità al seno di mia madre e abbia cominciato subito ad aumentare di peso.
Ancora oggi, tutte le volte che torno in Catalogna a trovare mio padre novantenne, ora vedovo, lui mi ricorda sempre di quando sono nata dicendomi:
- Eras molt maca, la pell clara i els cavells negres , el cap rodonet i el cos molt petitet. Dormias sempre, pero quan jo et posave les gotetes els teus ulls eran com dues estrelletes4.
Con il libro di Biologia in mano mi è stato chiaro il perché della mia nascita prematura:
dovevo stare male nel grembo di mia madre , ero debole ma sentivo un impulso che mi spingeva fuori, dovevo uscire prima che gli anticorpi distruggessero i mie giovani globuli rossi.
Ho riconosciuto in quell'impulso la forza che c'è ancora in me, la voglia che ho di andare avanti.
Ho ripreso il libro di Biologia e, accarezzandolo, l'ho ringraziato per avermi fatto capire che sono una donna felice perché  ho lottato per poter nascere e ci sono riuscita.
1 Clistere
2 Levatice
3 Quando nascesti eri la bimba più piccola e più bella del paese
4  Eri molto bella, la pelle chiara e i capelli neri, la testina rotonda e il corpo molto piccolo. Dormivi sempre, però quando ti mettevo le goccioline i tuoi occhi erano come due stelline.


Rh negatiu
La setmana passada, vaig trobar un paquet molt gros per a mi, a la taula de la sala de professors de l'escola de Firenze on treballo. El vaig obrir mirant el riu Arno des de els grans finestrals.
Era un llibre molt gruixut de Biologia, de nivell superior. No sé perquè l' home de l' editorial me'l va regalar només a mi entre tots els profesors de ciències naturals. Pot ser li vaig caure bé.
Vaig portar a casa el "totxo". Abans d' anar a dormir vaig mirar rapidament el llibre. Per casualitat els meus ulls varen caure sobre un capitol que deia: Rh i incompatibilitat.
Vaig llegir:
El nadó o el fetus poden tenir una malaltía o fins i tot poden morir, si la sang de la mare es Rh-negatiu, si el fills que porta a les entranyes es Rh-positiu i si abans habia tingut un altre nen amb sang Rh-positiu.
Tot això ja ho sabia, però mai ho habia relacionat amb el meu neixament.
Vaig telefonar deseguida al meu pare, ell em va dir que la meva mare tenia la sang del grup Rh-negatiu.
Després vaig trucar a la meva germana gran, que es la primera filla. Ella em va dir que el seu grup es Rh-positiu. No m'ho podia creure. Jo soc la segona filla i tinc la sang del grup Rh-positiu, per lo tant havia d' haver tingut una malaltía greu o havia d'haver mort, ja que durant el segon embaràs de la meva mare segurament s'habien format anticossos que destrossaven els meus globuls vermells. En camvi vaig nèixer sana però prematura.
Jo tenia que nèixer a finals d' agost. Una nit de mitjans de juliol, la meva mare, mentres prenia la fresca sentada en el portal de casa, parlant alegrament amb alguna veina, va sentir unes punxades molt fortes a la part baixa de la panxa. Van telefonar al metge del poble. El vell doctor li va dir que no era res relacionat amb el part, eren només dolors intestinals. Li va fer una lavativa i se'n va anar a casa seva, pero els dolors cada vegada eren mes forts, llavors la meva avia, que era molt sabia, va anar a buscar a la llevadora del poble.
La llevadora,Anita, era baixeta i gruxiuda, sempre estaba seriosa, però quan neixia un nen parlava sensa parar. Es veia que li agradaba molt la seva feina, havia ajudat a nèixer a totes les criatures del poble.
Anita em donava injeccions quan jo era petita. Jo tenia por d'ella encara que sempre era molt amable amb mi i em deia:
- Quan vas nèixer eres la nena mes petita i mes maca del poble.
Vaig nèixer a la matinada d' un dia molt càlid. Era molt petita nomès pesava dos kg. Dormia sempre. Tothom, tenia por de que em morìs, doncs en els anys cinquanta no hi habien incubadores, me van posar vestidets de llana per escalfarme.
El meu pare de tant en tant em posava unes gotetes als ulls per despertarme. Tenia de menjar i creixer per poder-me salvar. Diuen que em vaig enganxar deseguida al pit de la meva mare i que vaig començar molt aviat a aumentar de pes.
Cada vegada que vaig a Catalunya a veure al meu pare, em parla del meu naixement dient:
eras molt maca
la pell clara i els cavells negres
el cap rodonet i el cos
molt petitet
dormies sempre
pero quan jo et posava les gotetes
els teus ulls eren com dues estrelletes
Amb el llibre de Biologia a la ma he vist clar el perque del meu neixament prematur:
Segurament que no hi estava bè dins del cos de la meva mare, em sentia débil, però un impuls molt fort em tirava cap en fora, tenia de sortir abans que els anticossos de la meva mare eliminessin els meus globuls vermells.
He recunegut en aquest impuls la força que tinc a dintre meu i les ganes de tirar sempre endavant
He agafat el llibre de Biologia, le he acariciat i li he donat les gràcies per haber-me fet comprendre que soc una dona feliç perque vaig lluitar per néixer i ho vaig aconseguir.

lunedì 2 aprile 2012

la libreria e la poetessa


Da più di un anno due volte al mese entravo nella piccola libreria delle donne. Il tintinnio del campanello posto in alto sulla porta ogni volta mi ricordava il libro di una scrittrice indiana, il cui titolo era La libreria dei nuovi inizi. Narrava la storia di una libreria speciale, della quale la protagonista, contro la sua volontà, aveva dovuto farsi carico, perché la sua vecchia zia, la proprietaria, sarebbe da lì a poco partita per l'India. Lentamente e senza volere cominciò ad amare la libreria, dove conobbe molte persone interessanti, ma dove soprattutto scoprì di avere un prezioso dono: poteva sentire la voce e incontrare spiritualmente gli autori di molte delle grandi opere poste sugli scaffali.
Ma cominciamo dall'inizio:
Un pomeriggio d'estate di due anni fa, una cara amica, mentre eravamo sedute nella terrazza del caffè di una biblioteca cittadina, mi regalò una cartolina, che invitava a scrivere un racconto breve, allo scopo di partecipare a un concorso letterario.
Ne ero lusingata, ma allo stesso tempo mi chiedevo: come può pensare la mia amica che io scriva un raccontino e per di più in italiano?
Non avevo mai scritto un testo libero, solo i temi in classe che ci proponevano a scuola, ma sentivo che dentro avevo tante parole che forse sarebbero uscite appena avessi preso una penna.
Da piccola la professoressa di “lengua espanola” mi diceva: scrivi a stento, inoltre le tue frasi sono troppo corte e si sente troppo che sei madrelingua catalana, quindi è meglio che tu ti indirizzi verso le materie scientifiche.
Di nascosto continuavo a leggere romanzi a letto e a scrivere lettere alle mie amiche reali o immaginarie.
Quando a venti anni mi innamorai di U. provai grandi emozioni davanti a un foglio di carta velina e con una penna in mano.
Dopo un anno dal nostri innamoramento mi trasferii a Firenze e tutte le settimane scrivevo una lettera a mia madre.
Come mi piaceva scrivere lettere! Nella mia vita, avevo intrapreso diverse corrispondenze ma non avevo mai avuto il coraggio di scrivere un racconto o di leggere intensamente una poesia.
Per molti giorni tenni in borsa la cartolina, ma una mattina afosa di agosto mi sedetti nel tavolo dello studio di casa e scrissi un piccolo racconto sulla storia del vecchio e storto padellone, dove avevo imparato a cucinare il tipico piatto spagnolo: la paella.
Da quel giorno ho continuato a scrivere tenendo come compagno il computer portatile, che mi ha corretto tutti gli errori di ortografia e ha permesso alle parole che avevo dentro di uscire. Ero felice scoprendo che lentamente le sensazioni che sperimentavo o che ricordavo si trasformavano in testi scritti.
Una mattina di settembre, nella sala insegnanti della scuola dove lavoro, ho casualmente parlato di scrittura con una giovane professoressa di italiano. Lei mi ha fatto sapere che il corso di lettura e scrittura che seguiva nella libreria delle donne cominciava il prossimo venerdì alle cinque del pomeriggio.
Quel venerdì ricordo che avevo molti impegni, ma alle cinque in punto passai in bicicletta da Via Fiesolana, dove si trova la libreria. Mi fermai davanti alle piccole vetrine piene di libri tutti al femminile e qualcosa dentro di me mi diceva di entrare.
Aprii la porta mentre i partecipanti al corso si stavano sistemando in fondo alla stanza, dove c'erano un lungo tavolo e tante sedie. Volevo tornare indietro sui miei passi, ma il tintinnio del vecchio campanello mi riportò alcune belle sensazioni che avevo provato leggendo, qualche mese prima, il romanzo che raccontava le storie della libreria dei nuovi inizi, quindi mi incamminai verso l'unica sedia libera rimasta. Seduta intorno a quelle persone sconosciute mi sentivo un po' smarrita, nonostante l'affettuosa accoglienza della maestra.
Ogni quindici giorni, sempre di venerdì, sono tornata in libreria e sempre lo scampanellio della porta è stato per me un segnale di nuovo inizio, perché là ho conosciuto nuovi scrittori, ho scoperto alcuni testi classici, ho percepito la bellezza di alcuni brani, ho ascoltato con molta attenzione gli scritti dei mie compagni, ho letto i miei testi a voce alta senza vergognarmi, e soprattutto sono stata bene.
A settembre di quest'anno è iniziato il nuovo il corso, la cui tematica era la poesia.
Ero molto felice di ricominciare, ma mi sentivo un po' a disagio, forse perché a scuola non avevo mai avuto un buon rapporto con la poesia.
Il corso è stato bello, ma all'inizio era un po' faticoso, dato che ricordavo a malapena le figure retoriche e gli altri ingranaggi della poesia, ma sentivo che qualcosa si stava smuovendo in me. Presto i bei frammenti delle poesie di Saffo mi hanno riportato emozioni vecchie più di due millenni.
L'ultimo giorno la nostra brava maestra ci ha fatto conoscere le poesie di Wislawa Szymborska.
Le parole semplici e magiche di questa poetessa mi hanno accompagnato per molti giorni, ma non ho potuto acquistare subito il suo libro perché era finito.
Una sera, dopo le vacanze di Natale, sono ritornata alla piccola libreria e nonostante le libraie fossero indaffarate aiutando una signora che cercava un libro introvabile, sono stata accolta con molto affetto.
Ho sentito che quell'ambiente era molto accogliente e famigliare, cosa non facile da trovare nelle altre librerie.
Quel giorno abbiamo parlato insieme della grande poetessa polacca, sono state loro a dirmi che era deceduta quella stessa mattina. Ne ero molto dispiaciuta, ma allo stesso tempo ero contenta di averla conosciuta in tempo. Sì, proprio ero sicura di aver parlato con lei, perché la sua voce mi aveva accompagnato in tutte le mie giornate. Adesso capivo che quel tintinnio della vecchia porta era lo stesso di quello della libreria dei nuovi inizi, ed era magico, dato che ci avvicinava spiritualmente ai grandi scrittori.
Quella sera grazie alla grande poetessa mi trovavo a compare il suo libro in quella piccola libreria e ne ero molto felice.








1Tema in classe